Este tipo de cirugía se realiza a través de pequeñas incisiones en el abdomen, utilizando una cámara y herramientas de precisión que permiten una excelente visualización del área quirúrgica. Gracias a esta técnica, la paciente experimenta menos dolor, menor sangrado y una recuperación más rápida en comparación con la cirugía abierta.
Además, la laparoscopía ofrece una excelente evaluación oncológica, permitiendo realizar procedimientos complementarios como la biopsia del ganglio centinela o la revisión de ganglios linfáticos cuando es necesario.
Cada tratamiento se planifica de forma individual, buscando la máxima seguridad y efectividad, junto con una pronta recuperación y una mejor calidad de vida.