Su objetivo es identificar y analizar el primer ganglio linfático que recibe el drenaje del tumor. Este ganglio actúa como un “filtro inicial”, por lo que si no presenta células cancerosas, es muy probable que los demás ganglios tampoco estén afectados.
Durante la cirugía, se aplica una sustancia colorante o fluorescente que permite localizar con precisión el ganglio centinela. Una vez identificado, se extrae para su estudio histopatológico. Con esta información, el equipo médico puede determinar si el cáncer se ha diseminado y definir el tratamiento más adecuado para cada paciente.
Este procedimiento ha reemplazado en muchos casos la linfadenectomía completa, lo que reduce el riesgo de complicaciones como el linfedema, disminuye el tiempo quirúrgico y acelera la recuperación. Además, ofrece una evaluación oncológica precisa con un menor impacto en la calidad de vida de la paciente.