Gracias a la ayuda de una cámara y herramientas especiales, el cirujano puede visualizar con precisión la zona y extraer el quiste preservando al máximo el tejido ovárico sano.
Esta técnica ofrece múltiples ventajas: menos dolor postoperatorio, menor pérdida de sangre, cicatrices más pequeñas y una recuperación más rápida en comparación con la cirugía abierta. Además, permite un diagnóstico y tratamiento efectivos, asegurando la evaluación completa del ovario y reduciendo riesgos de complicaciones.
Cada procedimiento se planifica de manera individual, considerando el tipo de quiste, su tamaño y la salud general de la paciente, con el objetivo de ofrecer un tratamiento seguro y eficaz.