La mayoría son benignos y pueden desaparecer por sí solos, pero algunos requieren tratamiento si causan dolor, crecimiento excesivo o presentan riesgo de complicaciones.
El diagnóstico se realiza mediante estudios de imagen, como ultrasonido, y la evaluación médica permite determinar si es necesario un seguimiento, tratamiento farmacológico o intervención quirúrgica.
Cuando la cirugía es necesaria, existen técnicas mínimamente invasivas, como la laparoscopía, que permiten extraer el quiste preservando el tejido ovárico sano, reduciendo el dolor, las cicatrices y el tiempo de recuperación.
Atender un quiste de manera oportuna es fundamental para prevenir complicaciones y mantener la salud reproductiva de la paciente.